CUENTOS
DE LEOPOLDO PERDOMO


ZEUS Y GANÍMEDES

Las locuras de amor le ocurrieron también en numerosas ocasiones al mismo Zeus. Dios poderoso cuyo temperamento es tan imprevisible como el rayo mismo que sale de sus manos. Debió ocurrir cierto día, deambulando por las llanuras de Troya, que el dios del trueno contempló la belleza desnuda de un joven guerrero de nombre Ganímedes. Nombre este que significa “el que disfruta con la virilidad”. Y no me hagáis preguntas sobre el significado de este dicho que no las voy a responder. Era este joven un hijo del rey Tros.  De quien se dice que fue el fundador de la mítica ciudad Troya.
    Cierto día, el dios del trueno, inflamado por una repentina pasión amorosa, se acercó al joven Ganimedes que jugaba a cazar liebres. Temeroso el dios de asustar al muchacho con su forma gloriosa y resplandeciente se disfrazó milagrosamente con la forma de un águila imperial.
    El joven quedó pasmado por la insólita visión emplumada, quedando inmóvil y relajado ante la presencia de aquel prodigio.  Zeus se acercó lentamente para no asustarlo y lo tomó en sus brazos.
    Luego la aquilina divinidad fue viajó por los espacios sidéreos con el joven  hasta una caverna secreta situada en la parte trasera del Olimpo.
    Al llegar al lugar, dejó al joven tendido en el lecho y apareció de pronto ante el joven con su cuerpo resplandeciente, mostrando todo el poder de su divina musculatura.  El joven ya estaba muy reblandecido por el largo viaje a través del eter y por el calor que irradiaba el pecho mismo del dios.
¿Qué misterios ocurrieron en esa caverna?  Ni el mismo Hesíodo se atrevió a darnos el menor detalle en sus inspirados versos. 
    Baste a mis amigos saber que el divino Zeus impresionado por la belleza del muchacho, hizo el prodigio de darle la inmortalidad. De modo, que se mantendrá en esa forma gloriosa por toda la eternidad,  y no le saldrá jamás la barba. De ese modo, no pasará jamás por la metamorfosis que sufren todos los mortales, a través de la madurez, la vejez, el dolor de la muerte.
   No le pareció apropiado a la Virtud de la Decencia, que tan bello joven estuviera en el Olimpo desocupado.  De modo que a petición de la Decencia, Zeus le dio al joven el cargo de copero de los dioses.  Y así es como se pasa los eonios, llenando de vino la copa de los dioses. 
  Es por eso que
vemos al hermoso Ganimedes haciendo de copero, en la vajilla más fina y cara del Ática.  Y solo es propio de las personas dadas a la meditación piadosa imaginarlo en posturas de servicio que hoy día se consideran poco decorosas.

  El rey Troy estaba muy afligido por la pérdida de su hijo.  Y el poderoso Zeus se hizo eco de tal dolor, por lo que le envió un mensaje y diversos obsequios valiosos por medio de Ares, el joven dios de la guerra.
  El mensajero le entregó una preciosa vid, trabajo meticuloso ejecutado of Efaistos.  Estaba toda ella cargada de pesados racimos y hojas innumerables.
  Estas vides estaban hechas de oro puro, y sus hojas y racimos deslumbraban reflejando la luz del sol.  Los sarmientos y los racimos eran de oro macizo.   
 
     Pareciole al dios del trueno insufiente este aurifero regalo, por lo que añadió a la dote, dos preciosos y altivos caballos que jamás se estaban quietos y daban saltos continuamente.  Eran estos animales del más raro pelaje; pues no tenían la menor tacha y su pelo era tan blanco como la misma nieve.
    El divino mensajero informó al rey que su hijo era feliz e inmortal, que era muy admirado por su belleza en el Olimpo, la envidia de todos los dioses.  Y añadió que, en ese sentido, la belelza del muchacho era comparable a la de las mismas diosas. Añadió el mensajero, que su hijo tenía en el Olimpo el repetable cargo de copero de los dioses.

Fue de esta forma magnifica que el rey Troy se convirtió en suegro del divino Zeus,  y se considera que esta ha sido la dote más valiosa que jamás se haya pagado por un bello muchacho.

  Al considerar estas palabras llenas de conocimiento divino, nos sentimos  llenos de sabiduría. 

Autor: Leopoldo Perdomo


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