ZEUS Y GANÍMEDES
Las locuras de amor le ocurrieron también en
numerosas ocasiones al mismo Zeus. Dios poderoso cuyo temperamento es
tan imprevisible como el rayo mismo que sale de sus manos. Debió
ocurrir cierto día, deambulando por las llanuras de Troya, que
el dios del trueno contempló la belleza desnuda de un joven
guerrero de nombre Ganímedes. Nombre este que significa “el que
disfruta con la virilidad”. Y no me hagáis preguntas sobre el
significado de este dicho que no las voy a responder. Era este joven un
hijo del rey Tros. De quien se dice que fue el fundador de la
mítica ciudad Troya.
Cierto día, el dios del trueno,
inflamado por una repentina pasión amorosa, se acercó al
joven Ganimedes que jugaba a cazar liebres. Temeroso el dios de asustar
al muchacho con su forma gloriosa y resplandeciente se disfrazó
milagrosamente con la forma de un águila imperial.
El joven quedó pasmado por la insólita
visión emplumada, quedando inmóvil y relajado ante la
presencia de aquel prodigio. Zeus se acercó lentamente
para no asustarlo y lo tomó en sus brazos.
Luego la aquilina divinidad fue viajó por los
espacios sidéreos con el joven hasta una caverna secreta
situada en la parte trasera del Olimpo.
Al llegar al lugar, dejó al joven tendido en
el lecho y apareció de pronto ante el joven con su cuerpo
resplandeciente, mostrando todo el poder de su divina
musculatura. El joven ya estaba muy reblandecido por el largo
viaje a través del eter y por el calor que irradiaba el pecho
mismo del dios.
¿Qué misterios ocurrieron en esa caverna? Ni el
mismo Hesíodo se atrevió a darnos el menor detalle en sus
inspirados versos.
Baste a mis amigos saber que el divino Zeus
impresionado por la belleza del muchacho, hizo el prodigio de darle la
inmortalidad. De modo, que se mantendrá en esa forma gloriosa
por toda la eternidad, y no le saldrá jamás la
barba. De ese modo, no pasará jamás por la metamorfosis
que sufren todos los mortales, a través de la madurez, la vejez,
el dolor de la muerte.
No le pareció apropiado a la Virtud de la Decencia,
que tan bello joven estuviera en el Olimpo desocupado. De modo
que a petición de la Decencia, Zeus le dio al joven el cargo de
copero de los dioses. Y así es como se pasa los eonios,
llenando de vino la copa de los dioses.
Es por eso que vemos al hermoso Ganimedes haciendo
de copero, en la vajilla más fina y cara del
Ática. Y solo es propio de las personas dadas a la
meditación piadosa imaginarlo en posturas de servicio que hoy
día se consideran poco decorosas.
El rey Troy estaba muy afligido por la pérdida de su
hijo. Y el poderoso Zeus se hizo eco de tal dolor, por lo que le
envió un mensaje y diversos obsequios valiosos por medio de
Ares, el joven dios de la guerra.
El mensajero le entregó una preciosa vid, trabajo
meticuloso ejecutado of Efaistos. Estaba toda ella cargada de
pesados racimos y hojas innumerables.
Estas vides estaban hechas de oro puro, y sus hojas y racimos
deslumbraban reflejando la luz del sol. Los sarmientos y los
racimos eran de oro macizo.
Pareciole al dios del trueno insufiente este
aurifero regalo, por lo que añadió a la dote, dos
preciosos y altivos caballos que jamás se estaban quietos y
daban saltos continuamente. Eran estos animales del más
raro pelaje; pues no tenían la menor tacha y su pelo era tan
blanco como la misma nieve.
El divino mensajero informó al rey que su
hijo era feliz e inmortal, que era muy admirado por su belleza en el
Olimpo, la envidia de todos los dioses. Y añadió
que, en ese sentido, la belelza del muchacho era comparable a la de las
mismas diosas. Añadió el mensajero, que su hijo
tenía en el Olimpo el repetable cargo de copero de los dioses.
Fue de esta forma magnifica que el rey Troy se
convirtió en suegro
del divino Zeus, y se considera que esta ha sido la dote
más valiosa que jamás se haya pagado por un bello
muchacho.
Al considerar estas palabras llenas de
conocimiento divino, nos sentimos llenos de
sabiduría.
Autor: Leopoldo Perdomo
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