Afrodisia

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De los Hechos relativos a la dulce Afrodita

Está reputado que la divina Afrodita nació del caos entre la espuma agitada del mar. Y que su belleza surgió desnuda entre las olas.
    Unas historias dicen que navegó montada en el lomo de un calamar gigante. Éste cefalópodo se prestó gozoso para el transporte divino. Muchos fieles han deseado la suerte de esa sepia para así disfrutar del calor íntimo de la diosa aposentada sobre sus cuerpos hechos de carne mortal.
    Otras historias cuentan que la diosa navegó, sobre una concha gigante de venera, impulsada por el viento. Y que una brisa suave hinchó la bella túnica como una vela, dejando al aire los muslos excitantes de la diosa. Y se dice que los peces sacaban la cabeza fuera del agua para así disfrutar de esa vista singular: la bella diosa totalmente desnuda.
    La brisa llevó a la diosa Afrodita hasta la isla de Citera, al sur del Peloponeso. Pero, le pareció una isla muy pequeña y siguió navegando sobre las olas hasta Chipre. Y es en esta isla, en Pafos, junto al mar, donde tiene la diosa su santuario más venerado.

Hay gentes que creen a la diosa una deidad marina porque en sus fiestas se consumen mariscos y calamares. Estos frutos del mar, gambas, centollas, percebes, langostas, sepias, ostras, mejillones, nécoras, bogavantes y otros, son bendecidos por la diosa y tienen la virtud de excitar el Eros. Pero, esto, por sabido, no merece mayores comentarios.

Llegó la diosa a la playa de Pafos cuando paseaban por allí las tres ninfas de las estaciones. Estas vieron a la diosa andando por la playa y notaron que movía las caderas con divina cadencia. Al verla ya de cerca, notaron embelesadas que su cuerpo y sus ojos resplandecían por el deseo.
    Sin dudarlo un momento, las ninfas invitaron a la diosa a cobijarse en su palacio. Allí se pusieron piadosamente a frotar a la diosa con sus manos amorosas y se embriagaron enseguida con el olor de su piel. Luego la untaron bien por todas partes; incluyendo los pliegues de máxima dulzura. Y usaron suaves aceites egipcios, cargados de exótica fragancia.
    Al sentir la fuerza que emanaba de su potente divinidad, quisieron apropiarse de la ocasión y divinizarse también a sí mismas. Para ello, las ninfas fueron frotando la juventud dorada de sus cuerpos con la divina piel de la dulce Afrodita. Así se traspasaba el fuego divino de la diosa a los cuerpos de las jóvenes ninfas. Ella se dejó hacer con mucha dulzura, pues es una diosa muy benigna que acepta el amor de todos los creyentes.
    Así que, con estas facilidades, las ninfas se recrearon en esta gozosa tarea con lentitud y persistencia. Y se pasaron treinta días con sus treinta noches, sin ingerir otra cosa que la fragancia que emanaba de aquel cuerpo divino. Y así fue como quedaron bien impregnadas con la virtud de un deseo inagotable.
    Y las ninfas se pusieron a decorar el cuerpo glorioso de la diosa con finísimos velos, traídos de los confines remotos del oriente. Y la bañaban con cascadas de pétalos de rosa. Y la fragancia exhalada por el ambiente era tan potente que levantaba y endurecía las carnes más flácidas y desahuciadas de este mundo.

Otras historias afirman, con igual seguridad, que Afrodita nació de la espuma formada en torno a los genitales de Urano; los cuales flotaban sobre las olas. Hesíodo nos cuenta la historia de Crono. Éste, incitado por su madre Gea, se rebeló contra su padre Urano. Crono y sus hermanos son conocidos como los siete titanes. Cada uno de ellos gobierna el movimiento de algún cuerpo celestial de mayor entidad. El sol, la luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno están bajo el control de los titanes. Así que inducidos a conspirar, Crono y sus hermanos pillaron al padre dormido y le sujetaron entre todos con gran esfuerzo. El líder rebelde, Crono, asiendo los genitales con su mano izquierda, cogió la hoz sagrada con la diestra para castrar a su padre. Luego, arrojó la hoz y los genitales al mar, desde los acantilados del cabo Drépano. Esta hoz ritual no puede ser de broce, ni de acero; está hecha con barro cocido y dientes de pedernal. Desde entonces, la mano izquierda se conoce como la mano siniestra. Es por eso que, cuando vemos a un zurdo, sentimos un escalofrío y apartamos la mirada con mucha discreción; para no ofenderle. La gente hace esto sin saber por qué. Pero, estas precauciones se toman porque estos seres singulares pueden ser portadores de temibles designios.

Herodonte no duda de la merecida castración de Urano, pero niega que Afrodita haya nacido de esos genitales. El espíritu de Afrodita, aunque potente, es amoroso y dulce y se cuadra mal con el talante de Urano. Éste era un dios cruel que arrojó a sus hijos, los cíclopes, al Tártaro y fue padre de los titanes. Unos seres bastante pendencieros que salieron según su carácter. Mientras que Afrodita es una diosa de amor y dulzura.

Otras historias, igual de ciertas, dicen que Afrodita fue engendrada por Zeus en el cuerpo de una ninfa marina. Muchas otras criaturas se dicen engendradas por Zeus. Pero, Herodonte se siente poseído por la musa a la tercera copa de vino. Y con palabras inspiradas nos hace unas señas y nos cuenta en voz baja lo siguiente: Afrodita es la única inductora del Eros. Es la diosa la que provoca este potente deseo copulativo en los animales, los humanos y hasta en los mismos dioses; y así es como los vuelve frenéticos a todos. Esa es la razón por la que sabemos que el espíritu de Afrodita es anterior a los dioses del Olimpo. Y si aceptamos que la diosa habita en el monte sagrado es porque instala su espíritu en el corazón de los dioses y las diosas que allí habitan. Y es así como las divinidades copulan de continuo sin cansarse. A excepción de las diosas virginales. Así que no tiene el menor sentido decir que Hefestos, el herrero divino, sea el esposo de Afrodita. Porque Afrodita es un espíritu puro, una exhalación del cosmos. Afrodita es un aliento que trastorna la razón de los dioses y de los hombres y los fuerza a copular sin medida. Y ocurre así hasta que se agota ese aliento divino y se extingue el deseo. Es por ese impulso que los dioses y los hombres hacen locuras que son impensables en otros momentos más lúcidos.

Todos escuchamos conmovidos este sensato discurso y quedamos en silencio. Teníamos el temor natural que pudiera habernos oído algún dios chismoso. O tal vez algún agente escuchador que hubiera apostado su fino oído para captar las palabras de nuestro modesto simposio.

Volviendo a los hechos de Afrodita, parece fuera de toda duda que la diosa es la primera armonía germinante del universo. Y que en Pafos, en la isla de Chipre, tiene su santuario más antiguo; todo de color blanco. Tiene tapizado el suelo y las paredes con conchas marinas que resplandecen bajo el sol. Y allí está, en los jardines soleados del templo, la imagen blanca de la diosa; a la cual llaman Cipres y que se distingue claramente porque no tiene forma humana. Dicen antiguas leyendas que esta piedra cayó justo del cielo y el oráculo dijo que era la imagen milagrosa de la diosa. Y esto se contradice con las costumbres de otros pueblos que hacen estatuas de los dioses y diosas con sus manos. Por eso algunos dicen que la imagen de la diosa tiene forma anicónica. Ante esta figura, los fieles sienten el tremendo poder que emana de esa piedra gigante que un día cayó del cielo como un regalo de la diosa a los mortales.
    Cuando los peregrinos llegan a este lugar, ponen la mano sobre la piedra afrodisia y sienten la influencia de la diosa que se pasa de la piedra al cuerpo. He visto como los fieles sienten un calor deleitoso por sus miembros y dicen que se concentra y se acumula, mayormente, en la púdica entrepierna. Y en verdad que es cierto, pues se puede ver en los feligreses la inmensa hinchazón que se provoca. Esto hace que muchos permanezcan con la mano sobre la piedra durante largo rato. Y deste modo sienten que se van excitando más y más. Algunos se ponen a jadear y a gemir y sienten una flojera y un temblor en las piernas. Y no se quitan de la piedra hasta que la diaconisa les apremia con insistencia. Y estos apremios se hacen para dejar sitio a los otros peregrinos que arriban continuamente al santuario. Pues todos tienen derecho a poner su mano sobre la piedra para sentir el efecto benéfico de Afrodita sobre sus partes deleitosas.
    He visto a damas respetables y de mucha alcurnia, abundantes en joyas, en años, y en arrugas que llegan a hasta este lugar prodigioso. Y recuerdo a una anciana que apartaba ásperamente a las jóvenes esclavas que la asistían en su viaje, temiendo, tal vez, que la piedra afrodisia pudiera incrementar la natural lascivia de las jóvenes doncellas.
    Allí pude ver algunas ancianas que desfallecían de placer y jadeaban. Y otras entraban en un potente éxtasis afrodisio por el solo contacto de su mano sobre la piedra milagrosa. Algunas de las personas, hasta aquí llegadas, no habían tenido la dicha de sentir el éxtasis afrodisio en muchos años. Y por eso vienen a esta isla desde lejos. Y sufren los peligros del mar y los horribles mareos en unos barcos pequeños, con el agua a dos palmos de la borda, y atiborrados de gente. Y no se hunden estas naves en el fondo marino por la piedad que siente por ellos la diosa. Pues se toma la molestia de visitar y entretener con juegos placenteros al imprevisible Poseidón, el que agita las olas marinas, para que se torne relajado y paciente y no le dé por armar una tormenta.


Autor: Leopoldo Perdomo




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Espero que haya sido placentera la lectura

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