Afrodisia

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Del poder germinativo de las doncellas

El poder germinativo de las doncellas es muy grande. Es por eso que sólo una de cada cinco tiene la fortuna de casarse para acceder a los placeres del himeneo. Las demás se quedan encerradas en los gineceos hilando y tejiendo lana por toda la eternidad. Si no fuera así, pronto se llenaría todo de niños. Y, en cosa de pocos años, tendríamos un ejercito tan grande, y tan caro de alimentar, que se haría urgente una guerra con Esparta para mermar el excedente.
    Algunos hablan ya de ir a la guerra con Corinto para defender a la ciudad aliada de Argos. Y Corinto está aliada con Esparta que no puede soportar a los atenienses. A mí, todo esto me parece un disparate. Pero, mis amigos dicen que mi cabeza quedó muy afectada por el sol de Libia y que no distingo mi mano derecha de la izquierda.
    Pero, entiendo la preocupación de los arcontes.  Sobre todo, cuando se retrasan los barcos que vienen cargados de trigo y de cebada; los cuales arriban desde todos los puertos del mundo.

Por eso digo que el poder germinativo de las doncellas está encarcelado para siempre en los gineceos. Sólo, otra guerra, puede liberarlas de su encierro. Será, entonces, cuando Atenas, debilitada por la guerra, precise de casi todo su poder reproductivo. Ese será el momento en que las puertas de los gineceos se averíen en sus goznes y ya no se cierren durante la noche. Y el sol de Apolo calentará los mullidos muslos de las doncellas; muchas verán henchidas sus caderas y sentirán que su abdomen se engruesa y se pone opulento. La frutilla de Afrodita se agitará, emitiendo perceptibles vibraciones y se mostrará henchida en toda su gloria esplendorosa. Algo nunca visto por los ojos mortales. Estas agitaciones y estos portentos afrodisios se generan por el efecto de los dardos que dispara Eros; el mensajero de Afrodita. Y las copulaciones se vuelven innumerables y todo es jolgorio lubricante; aunque algo contenido por la escasez de comida. Pero, las expectativas deleitosas, tras las penurias de la guerra, harán a todos barruntar una Era Dorada y plena de placeres afrodisios.

Los vientres virginales empezarán a henchirse por la virtud de los placeres innumerables. Y empezarán a nacer niños como las setas del bosque con las lluvias de primavera. Y los gritos de las parturientas se mezclan con los llantos nocturnos de los bebés y todo vuelve a la normalidad. Pues la Era de Afrodita no puede durar mucho.

Así que pronto vuelven las astringencias a dominar la vida diaria de los atenienses. Y se invocarán de nuevo las jaculatorias de Atenea para pedir protección por la castidad y la virginidad de las niñas, las doncellas y las esclavas. Pues ya no cabe un alma más en casa y no sabemos como colmar de comida a tanta boca.


Autor: Leopoldo Perdomo




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Espero que haya sido placentera la lectura

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