Afrodisia

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Donde se habla de los sátiros masturbadores

Ciertos placeres visuales le son concedidos a los sátiros. Es por eso que merodean en los alrededores boscosos de los jardines de la diosa Artemisa. Esta diosa es una virgen recalcitrante desde hace milenios. Pero, su piedad femenina es muy grande. Es por eso que tiene instituido un rito milagroso, para reparar los virgos accidentados.

Decía algo de los sátiros. Estos, escondidos tras el follaje arbustivo, acechan el baño ritual de las doncellas en el arroyo sagrado. Estas vienen en secreto, de madrugada, a este lugar sagrado para restaurar su virginidad. Accidentada ésta en algún percance con un dios insolvente o con algún espíritu voluble. A veces, se habla de un sátiro que las asalta en el agobio de las noches estivales. Estas doncellas sacramentadas, al surgir del agua gélida, salen temblando como ninfas acuáticas en la estación de los fríos. Y con sus finas túnicas, pegadas al cuerpo, se ven como sílfides traslúcidas y etéreas. Tal es el prodigio de este sacramento.

Se sabe que los sátiros, con orejas y penes de asnales dimensiones, acechan, como ya dije, el baño de las doncellas. Y que, inspirados por los deseos de su lujuria sobrenatural, agitan con sus ágiles manos los largos y erectos apéndices. Y en el aire se nota una impregnación de los efluvios satíricos que trastornan el decoro del sacramento. Esto es inevitable, dado el poder de estas criaturas de lujuria insaciable. Pero, la sacerdotisa, al ver la turbación causada entre los fieles, emite unos conjuros con gestos rituales de amenaza y los sátiros se alejan de la vista y de los predios sagrados. Pero, en el aire, todavía persisten sus efluvios fornicales durante toda la mañana. Y estos aromas inesperados nos irritan las fosas nasales y alteran el pulso cardiaco de las señoras y las doncellas.

Se dice que los sátiros no se atreven a saltar sobre las doncellas, ni sobre los asistentes, porque se hayan en los jardines de la diosa. Se cuenta que algún sátiro fue incapaz de controlarse y perdió su longuiforme atributo viril ante la maldición sagrada. Y es que los diáconos, patrullan armados por los predios sagrados. Estos vienen reforzados con el poder de la diosa y pueden extirpar con sus agudas navajas, de un solo tajo, el testimonio viril de los sátiros más incontinentes.

Estas criaturas sobrenaturales siempre andan ofendiendo el espíritu de la decencia y los buenos modales. Aparecen cuando menos te lo esperas, en un recodo del camino o al vadear un río. Mas, hay de ti, si te sorprenden defecando en medio del sotobosque. Estos tienen un gran olfato y se ven atraídos por los olores frescos del excremento. Los sátiros tienen una fuerza sobrehumana y, si te cogen con la retaguardia desprotegida, te podrían hacer una penetración nefanda. El daño provocado, por su miembro monstruoso, provoca una irritación muy persistente y molesta de la que no te podrás quejar. Pues ¿quién se atrevería a confesar una vergüenza tan grande?

En las zonas rurales, los sátiros aparecen de improviso. Y se dice que igual los ves copulando con alguna bestia salvaje que con algún animal del rebaño. También aparecen masturbándose en las fuentes cuando vienen las doncellas a por agua. Y he oído hablar de doncellas y efebos que, cogidos por sorpresa, se vieron penetrados de un modo nefando por los mentados. Esto les deja muy escocida y rubicunda esa parte que la buena educación jamás menciona por su nombre natural.

Se dice que más de una esclava, y más de una doncella, quedáronse preñadas por los sátiros. Y todo esto, en verdad, es un desdoro para la reputación de la familia; la cual queda en boca de las maledicencias durante siete generaciones. Sin contar los gastos de purificación y penitencia.

Nunca he visto a estos seres maliciosos y no sabría por mí mismo informar de su apariencia. Se dice de ellos que tienen largas y peludas orejas y un apéndice viril de asnales dimensiones. Y se cuenta que su apéndice no es de oscura color, como corresponde a su naturaleza asnal, sino de rubicunda color. De la misma color que el apéndice viril de los monos que nos traen de Egipto los marineros.

Herodonte cree que las visiones de sátiros son sólo fantasías calenturientas; y que éstas vienen provocadas por la castidad obligada de nuestra civilización. En otros países, donde se copula con más liberalismo, no existen los sátiros. Y dice: ocurre siempre que solo tienen experiencia con los sátiros aquellos que, por norma, no pueden copular.

¿Y qué hay de esas doncellas que se dice fueron asaltadas y violadas por un sátiro? Herodonte cree que esta gente fue seducida y preñada, en la discreción de la noche, por algún pariente imprudente, o por algún esclavo de la casa, y que para ocultar esa falta se acusa a los sátiros por la fama que tienen desde antiguo.
    De todos modos, en estos tiempos no hay en Atenas ni una sola joven preñada que se atreva a mentar a los sátiros como agente causante de su preñez. Sería la irrisión de toda la ciudad. Así que prefieren jugarse la vida provocando discretamente un aborto.
    También dice el sabio que los sátiros son solo un pretexto, autorizado por la decencia, para hablar libremente de cosas procaces.


Autor: Leopoldo Perdomo





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Espero que haya sido placentera la lectura

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