Afrodisia

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Sobre el ósculo en la puerta de Afrodita

¿Cómo se debe besar la puerta de la diosa? Este es todo un arte desarrollado plenamente por unos pueblos bárbaros, llamados gaulos, o galos; pues en esto de los nombres gentilicios no suele haber acuerdo. Estos gaulos habitan en regiones hiperbóreas. Se llega a esas regiones, tras muchas leguas de viaje, marchando siempre en dirección al artos . Yo salí para este viaje desde el precioso puerto de Massilia; el cual me trae gratos recuerdos de amigos y amigas inolvidables.

Los griegos somos un pueblo civilizado, pero con poco refinamiento erótico. Así pude asombrarme de estos bárbaros gaulos o galos que dominan el arte del paladeo y el halago de los rúbeos labios de Afrodita. Dicen estos gaulos que no hay manjar mejor, ni de más dulce paladeo, que los labios de la diosa. Debido a mi juventud, yo no tenía ni idea de que esto pudiera ser una delicia; y no tuve más remedio que probar el dicho paladeo ante la insistencia de los expertos. Y en verdad que es una delicia exquisita. El paladeo atrajo a mi memoria el sabor del yogur; esa delicia láctea que confeccionan los pueblos tátaros. Los cuales habitan, con sus ganados, en los confines montañosos del Cáucaso; más allá del Ponto Euxino.

Pero, otros afirman, con idéntica seguridad, que los divinos labios saben más bien a deliciosa trufa. Y no pude terciar en estas discusiones, no tanto, por mi escasa experiencia, sino por causa de no conocer el sabor de las mentadas trufas. No pude remediar mi ignorancia; pues las trufas sólo están en sazón con los primeros fríos del otoño.
     Sin embargo, aproveché bien la ocasión verificando las afirmaciones, que en aquellas tertulias se hacían, respecto a la técnicas más apropiadas para el divino paladeo.
     Esta técnica sofisticada, consta de varias fases. Unas son sencillas o primarias, y la otra que se estima principal. En su fase más primaria, está el proceso de acercamiento proximal. Consiste éste en ir besando los suaves muslos por su cara interior en dirección a la puerta de Afrodita. Esto se hace con cautela para no alarmar a los espíritus del pudor virginal. También se pueden aproximar los labios ardientes por el mullido y sedoso vientre. Así que con el calor que se genera en la puerta afrodisial, los espíritus del recato se ahuyentan; pues, como dicen los gaulos, éstos son del frío y no soportan los calores amorosos. Deste modo, cada vez te vas aproximando más; y el fuego afrodisio se incrementa. En algún momento, la inocente doncella pone su mano sobre tu cabeza. Esta es la señal para entrar en la fase principal. Así que nos ponemos en contacto con la puerta afrodisia usando toda la pericia de los labios y la lengua. Entonces, es cuando podemos acercarnos a la faba de Afrodita. Ésta se halla bien guardada en su cálido estuche protector y con el deseo la llamamos. Es cosa normal que no se vea, aunque se pueden sentir en la lengua sus jadeos y palpitaciones. Pero, si somos afortunados, el haba divina puede aparecer toda ella henchida y triunfante; aunque tenga modestas dimensiones. Se dice que las doncellas tratadas con estas cortesías son muy fieles y obedientes con los caprichos de sus amantes.

Se aconseja que no comentes estos misterios refinados con los atenienses. Como todos los misterios sagrados, éstos se deben guardar en secreto. Piensa que los atenienses están bajo el influjo de las ataduras de Atenea, que sea por siempre bendita y alabada. Y que están, por tanto, bajo el imperio de la castidad obligada. Esta castidad les obliga a vivir en la ignorancia de las artes afrodisias. Y lo que no se conoce, por bueno que sea, tampoco hay razones para desearlo.


Autor: Leopoldo Perdomo




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Espero que haya sido placentera la lectura

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