Afrodisia
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Donde se trata de la impotencia del varón
El caso de los penes atónicos
El problema que sigue
es más difícil: se trata
de los penes atónicos. O sea, carentes de fuerza. Lamento decir
que estos han sido estudiados por los físicos con escaso
resultado.
Se dice que estos penes
carecen de espíritus
eróticos. Esto suele ocurrir, de su natural, al varón en
la ancianidad. Los físicos no pueden dar ningún remedio,
ni para los muy ancianos, ni los otros.
Quien tenga este problema es probable que no
sufra de angustias lujuriosas. Lo peor que le puede ocurrir es que
presionado por su padre y por la familia para que se case, termine por
hacerlo. Si esto hace, habrá de buscar alguna solución
que sea aceptable por la esposa. Ésta puede rechazar cualquier
arreglo de sustitución con algún amigo o conocido. Y si
la esposa tiene voluntad de maltratar de palabra al marido, cosa poco
frecuente pero posible, el marido meterá el rabo entre las
piernas y será gobernado por su mujer de por vida. Aunque esto
suele ocurrir al varón al hacerse viejo, pues las esposas suelen
ser quince o veinte años más jóvenes que sus
maridos. Pero, dejemos esto de lado porque es un caso perdido. Y ni con
todos los sacrificios, ni todas las candelas que se puedan pagar con
cien talentos, se va a encontrar una solución a este problema.
Otro problema le viene
a los hombres con pene muy largo, que
quieren copular del modo que lo hace todo el mundo. Como consecuencia
de esto la frecuencia del fracaso en llegar a la emisión de los
fluidos germinantes es alta. Esto hace al varón temer por el
fracaso y pierde con ello el interés por ejercitarse en estas
necesidades.
Otra razón para
perder el interés por los
ardores afrodisios, es el excesivo celo en el estudio, la
métrica, el comercio, el deporte, o la guerra. Todos estos
excesos llenan el cuerpo del varón con los espíritus y
las musas de la diosa Atenea. Que sea por siempre bendita y alabada. Y
tenemos por bien sabido que estos espíritus son como atados o y
frígidos. He oído contar que algunos grandes atletas de
la pista y la palestra, tienen escasas facultades en el lecho amoroso.
Y, hasta que no dejan el ejercicio extenuante, no se convierten en
modestos copuladores.
Y es que la copulación frecuente y la
laboriosidad excesiva se llevan mal de la mano. Todos hemos vivido
durante los días de holganza las mayores fantasías
afrodisias. Durante mis travesías marineras, tuve las más
fuertes fantasías de Afrodita en los días de calma.
Cuando no soplaba el viento sobre las velas, ni se podía remar
por causa del calor extremado, me llegaban los recuerdos de los muslos
de las doncellas virginales. Estos se atisbaban a través de las
finas túnicas veraniegas, al tiempo que se oían los
cantos de alabanza en honor de la virgen Atenea.
Autor: Leopoldo Perdomo
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