Afrodisia
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Donde se trata de la impotencia del varón
El caso de los penes hipertónicos
Se pueden considerar dos clases de impotencia en el
varón. Una es por causa de la potencia hipersensible y otra por
causa de la potencia asténica.
De la potencia hipersensible ya he dicho algo
en la parte precedente. Se trata de los penes hipertónicos. En
los casos más serios, estos penes parece que copulan con los
espíritus del aire. O para decirlo de otro modo, parece que con
el mero calor que desprende la doncella o, tal vez, con los potentes
efluvios que ésta emite, se dispara imparable la emisión
de los fluídos germinativos ya desde el aire mismo; o con una
simple aproximación a la puerta del deseo.
Muchas esposas se quejan con razón de
estos varones muy rápidos; ya que las mujeres necesitan llevar
estas cosas lentamente. Por causa deste desajuste, cuando la casta
esposa empieza a enterarse de que su marido penetra por tal sitio,
éste ya dice: "¡ay! ¡ay! Y todo se ha terminado. Y,
en menos de un minuto, tiene al marido dormido. Esto las deja
malhumoradas y no se extrañen si algunas se preguntan:
¿Esto es todo? Y es que muchos esposos no saben que mucho antes
de la boda deben acudir al templo de Afrodita y prepararse allí
discretamente en los ejercicios amorosos. Algunos tienen el pene
hipersensible por falta de los ejercicios apropiados de
endureci-miento. Es el mismo caso el joven que no se ha entrenado en
los ejercicios de atletismo. Ya desde los primeras zancadas, jadea y se
axfisia. Y en el caso del amor, eyacula ante los puros efluvios que
emanan de la mujer.
Algunos físicos de la Jonia, creen que esto le viene al
hombre por causa de llevar una vida muy casta. Y que para curarse de
ese mal se debe entrenar y endurecer el miembro con los ejercicios de
la dulce Afrodita. Esto funciona de la misma manera que el joven flojo
se va entrenando en las artes de la guerra y al cabo de un tiempo
podemos ver que se pone duro y resistente por la virtud del ejercicio.
Sobre las prácticas que se hacen en el
templo de Afrodita nada puedo decir, porque he jurado el secreto de
estos misterios. Pero puedo hablar, al modo que lo hace el
físico, aunque no lo soy de profesión, porque soy marino
y comerciante. Siempre he tenido en gran estima a los físicos.
En cada ciudad siempre visito al mejor, y le colmo de regalos, y le
llevo a los marineros enfermos. Y alrededor de una buena ánfora
de vino del Ática, las lenguas que guardan los secretos se
desatan y uno va cumulando conocimientos muy valiosos. Por eso mis
palabras en este asunto tienen algún valor. Y por eso digo que
el pene "hipertónico" precisa entrenarse para prolongar su
erección tanto tiempo como sea posible sin disparar la
emisión de los fluídos. Es un proceso de corre y para,
con equilibrio muy delicado que solo se consigue con la
práctica.
De todo esto se deduce que se debe prolongar la
excitación por medios manuales y se va contando hasta llegar a
ese punto que nos dice que pronto todo se viene. Se afloja en ese punto
y se descansa, dejándolo ablandarse un poco. Se vuelve de nuevo
a empezar, procurando ralentizar la excitación.
Cuando conseguimos con medios manuales mantener
la excitación durante largos periodos, así sea con alguna
intermitencia, se puede pasar a la fase de entrenarse con algún
modelo real que haya disponible. Esto es algo diferente, porque
mientras la mano es un medio frío, la cavidad amorosa es
cálida y ferviente. Es una experiencia muy diferente. Por eso si
la piel del miembro aún es muy sensible, se debe embadurnar bien
de grasa de cordero, o mantequilla. Esto por sí solo es parecido
a un guante, esta es pieza de abrigo de abrigo para las manos que muy
pocos conocen si no han pasado el invierno en las tierras
hiperbóreas.
Si no pudiera el miembro aún, soportar
el calor del atrio afrodisio, lo entrenará a soportar el calor
de la puerta divina aplicando paños calientes cuando está
totalmente tenso.
En general, con el unte de mantequilla o grasa
se alivia la fricción del miembro, lo cual suaviza la
excitación de los genios que habitan y dan vida al pene. Con el
entranamiento apropiado se consigue llegar hasta la cuenta de sesenta
sin problemas, y con ejercicios frecuentes podemos bien pasar de esa
cuenta con creces.
Y así seguiremos con tres, cuatro, y
hasta diez veces sesenta, si fuera posible y tuivieramos paciencia y
perseverancia. Se pueden ir haciendo marcas con piedrecitas, o habas,
para ayudarnos en la cuenta y tener memoria dello. Y deste modo, cada
día debemos tratar de aguantar con el miembro enardecido tanto
tiempo como sea posible. Desta manera disciplinamos a los
espíritus impacientes del miembro viril y los sometemos a la
virtud de la paciencia.
En cualquier caso, casi siempre es
recomendable usar el remedio para los penes hipersensibles. Usar un
unte graso abundante de alguna clase, para cegar la sensibilidad
excesiva de los espíritus del pene. De ese modo, pierden una
parte de su vista y olfato y se puede prolongar el acto tanto como sea
deseable. Y esto es bueno para las mujeres que están en exceso
dominadas por el casto espíritu de la virgen Atenea, cuyo nombre
sea por siempre bendito.
Autor: Leopoldo Perdomo
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