Afrodisia

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De las propiedades físicas de los miembros viriles

Los griegos tenemos un testimonio viril de unas dimensiones que están en armonía con el introito de nuestras virginales doncellas; que se consideran como algo estrechas y poco profundas.
     Cuando vamos por las costas del oriente y Egipto podemos advertir como algunos varones exhiben alongados y colgantes penes. Tan largos son que nos deja llenos de asombro a los hombres civilizados.
     A este respecto, recuerdo una taberna, en el puerto egipcio de Naucratis, donde unas hetairas finas daban un espectáculo variado. Pasaron una a una, las bellas bailarinas, moviendo incansables sus caderas en afrodisias agitaciones. En estos bailes, las muchachas hace ya mucho que dejaron atrás sus años virginales. Y no sé si tuvieron alguna vez algún recato. Estas muchachas exhiben sus cuerpos contoneando sus caderas en simulaciones copulativas incansables. Y en verdad que es excitante esta visión afrodisia. También se pasan la mano por la púdica entrepierna con delectación y suspiros. Luego, inclinando su cuerpo hacia delante se dan la vuelta para enseñarnos sus hemisferios traseros, plenos de sugerencias copulativas. Y así nos enseñan ese oscuro orificio, lleno de insinuaciones prohibidas, que el decoro no permite mencionar. Y con una extraña contorsión de su cintura, conseguía enseñarnos, desde atrás, los gruesos labios de la puerta de Afrodita. Esto asombraba a la concurrencia.
     Luego aparecía un individuo con un falo muy largo y hacía simulaciones copulativas, y otros juegos, con una doncella rolliza en extrañas y variadas posturas. En verdad era algo agradable de ver a pesar del pudor que nos inculcó la severa fusta de Atenas.
     Pero, la ensoñación del recuerdo me desvía del propósito de la historia. Estaba yo con mucha cerveza; pues en estas tierras resulta muy caro el vino y de muy mala calidad. Estaba un poco ebrio, digo, y no podía creer a mis ojos al ver a un hombre copulando con su propia boca. Tenía, este insólito varón, una verga de tales dimensiones que había de sostenerla con ambas manos para mantenerla erecta. Desta guisa, con un leve arqueo de su espalda, acceder podía con sus labios a la bellota de su inmenso falo. Y, con sus hábiles manos, le daba a su virilidad un movimiento masturbatorio hasta eyacular los humores genéticos en su propia boca. Pero, mi natural pudibundez se veía adormecida por la mucha cerveza ingerida; de modo, que no podría jurar la certeza del recuerdo.
     A lo largo de mis viajes, he sentido siempre un vivo interés por los secretos de la física. Con tal motivo, siempre que recalo en algún puerto, traigo una ánfora de buen vino del Ática para algún amigo médico. Agradecido por el obsequio, aprovechamos para beber unas cuantas copas de vino, mientras le tiro de la lengua. Así puede enterarme de algunas cosas que se guardan bien secretas.
    Según el testimonio de los físicos, las propiedades de los miembros viriles guardan relación con su dimensión perimetral y su largura. De modo que la física los divide en dos categorías, a saber: "hipertónicos" e "hipotónicos".
     Es de su propio y natural que el apéndice viril venga animado por un espíritu o fuerza erótica. Pero, ésta, siendo variable, tiene también sus limitaciones. De esto se concluye, y está verificado, que las vergas de grandes dimensiones pueden tener problemas para mantener su erección. Se cree que el espíritu erótico que las anima, cae rendido ante el peso de la física. Por eso pierden fuerza y, de pronto, decae su hinchazón. La explicación racional es que los espíritus eróticos no tienen todos la misma fuerza. Por eso, algunos pueden, y otros no, sostener firmemente a los miembros desmesurados.
     A este tipo de miembros se les llama y con razón penes hipotónicos. Lo que dicho en palabras ordinarias quiere decir penes débiles. Los que tienen estos penes suelen servirse de las manos para mantenerlo erecto. Y pueden tener dificultades copulativas; pues a la menor distracción, el espíritu se evade del pene excesivo, dejándolo sin vida. Debe, el varón en este trance, invocar a los espíritus satíricos para que vengan en su ayuda. Y a veces esto también falla. Las doncellas pudorosas, suelen verse obligadas a insuflar vida en ese miembro por medio del halago de su boca. Pero, sólo si la doncella goza de los favores de Afrodita, puede inspirarle una nueva erección.
    Saben los físicos que los miembros muy pesados adolecen de fuerza y plenitud para llevar a cabo un buen acoplamiento. Por ello, los coitos son de larga duración y sufren frecuentes interrupciones en su progreso natural; eso retarda mucho la llegada de su culminación. No es extraño que, algunos, ni siquiera consigan llegar al final que se persigue con estos ejercicios copulativos.
     Pero, estos conocimientos de la física son ignorados por el vulgo, el cual cree que es mejor un asno grande que otro más pequeño. Y por eso se envidian de los individuos que se dicen bien dotados. Tanto es así, que en tiempos de paz, un varón, sin otros medios de fortuna que un apéndice muy largo, puede ganarse bien la vida exhibiéndose en las tabernas con fantasías eróticas y otras obscenidades.
    De los miembros viriles con menor substancia física, se dice que son discretos; y el espíritu que les insufla vida y los llena no tiene dificultades para mantenerse despierto. Antes bien, parece este espíritu muy activo e impaciente. Y puede llegar a serlo tanto que alguno llega a emitir los fluídos germinales antes de que se haya penetrado a la doncella. Como compensación, este espíritu juguetón suele ser insaciable. Y se sabe que, tras un corto descanso, puede volver a manifestar su vitalidad de nuevo; pues en estos penes habitan unos genios muy activos. Por todo esto, los físicos dicen de estos penes que son hipertónicos. O sea, fuertes en exceso. También son impacientes y suelen dispararse en un instante. Para evitar esto, es aconsejable el uso de algún unte como la manteca sobre todo el largo del miembro. Deste modo, el espíritu pierde buena parte de su prisa. Pues este pene es muy sensible a la estrechez del templo afrodisio. Y con este unte, parece sentirse más holgado y lúbrico. Esto le permite prolongar la estancia en el gozoso templo de Afrodita, por el tiempo de tres marcas de una clepsidra o incluso más.


Autor: Leopoldo Perdomo




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