Afrodisia--13--De los conocimientos para hacer bien el amorCuando una virgen es
acordada en matrimonio, llega al lecho de
su nuevo esposo bajo el frígido control de la diosa virgen.
Estas doncellas núbiles, apenas tienen media docena de
insignificantes vellos, cuando ya las conducen al himeneo. De modo que
llegan al lecho nupcial completamente dominadas por las ataduras
virginales y por eso se muestran temerosas; pues la virtud atenea no
predice ni canta los placeres sensitivos de Afrodita, sino dolores,
desgarros e incómodas preñeces. Los griegos nos creemos
cultos y civilizados porque somos
buenos navegantes y comerciamos con todos los puertos del mundo. Pero,
el temor a los excesos natalicios hace que encerremos a las mujeres en
los gineceos donde hilan y tejen eternamente. Al mismo tiempo, tenemos
unas leyes muy severas contra el adulterio para proteger la casta
virtud de las esposas, tan proclives al devaneo. Estas mismas leyes
protegen también a las doncellas y las esclavas de la casa.
Así cualquiera sabe el peligro al que se expone, máxime,
si considera que por un par de óbolos, puede saciar sus ardores
con una puta. En las charlas del
gimnasio, nuestros jóvenes aprenden
las ideas autorizadas por el concilio de los arcontes. Allí se
enteran que el hombre puede caer bajo las artes amorosas de la mujer y
quedar convertido en su esclavo. Y que un hombre libre se debe acercar
a la mujer con mucha cautela para no perder su libertad. Con tal fin,
el hombre casado debe limitarse a aliviar el fuego del deseo de un modo
rápido. Debe hacerlo sin quitarse la túnica de lana y
echarse luego a dormir. Asimismo, se dice que el amor, solo debe
hacerse en la oscuridad de la noche. Pero, al recién casado le
está permitido copular en las horas diurnas de su primer
día de casado. Porque si el casado estuviera todo el día
copulando, ¿cómo podría ocuparse de sus asuntos
económicos y las asambleas políticas? Además, los
filósofos y los entrenadores, saben que la mucha
copulación reblandece la médula espinal que sostiene la
estructura ósea. Pues, los humores, eyaculados en la
copulación, provienen de la médula espinal del guerrero.
Es por eso que se debilita y reblandece. Pero, los físicos
jonios, influidos por las ideas persas, dicen que la eyaculación
procede del hígado mismo; el cual se debilita con estos excesos.
Los persas lo achacan todo al hígado. Así son las ideas y las supersticiones de mis compatriotas que tienen dura la mollera. Cuando viajan por el extranjero tampoco se enteran de nada. Pues salen de las tabernas del puerto para meterse en los burdeles. Su poco gusto por el estudio les impide aprender lenguas extranjeras. Y tampoco lo desean. Y es que todas las familias no pueden pagar un buen gramático para sus hijos. Y los gramáticos mal pagados usan mucho de la fusta con los estudiantes pobres. De esta manera, se ven faltos de ambición por aumentar sus conocimientos. Y así no pueden hablar con las personas educadas de otros países y no aprenden nada nuevo. Los cursillos del buen amor se imparten por las sacerdotisas de Afrodita en su escondido templo. Este es un lugar poco frecuentado por [los turistas] extranjeros que ya sólo visitan el Partenón: el templo de la diosa virgen. El templo de Afrodita es poco conocido en estos tiempos. Y es que la ciudad está [abarrotada] de gente, de esclavos y de metecos . Son tantos ya que no hay arroyos suficientes en toda el Ática para beber y lavarse tanta gente. Por eso, nadie quiere propagar la erosofía; la doctrina del buen amor. Somos ya demasiados. Así que, en estos tiempos, no se le habla a la gente, ni [a los turistas siquiera], del discreto templo de Afrodita. De esto se desprende que estos escritos me comprometen. Pues los arcontes no desean que se propague la erosofía. Autor: Leopoldo Perdomo |