AFRODISIA
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LO QUE SIGUE ES LA TRADUCCIÓN QUE ME FUE INSPIRADA POR LA DIOSA AFRODITA SOBRE UN MANUSCRITO DE GRAN VALOR DESCUBIERTO EN UNA CAVERNA DE LA JONIA. |
Este manuscrito contiene conocimientos que los jueces y sacerdotes de Atenas mantienen ocultos. Si difundes el contenido de este manuscrito, te puedes ver metido en líos y hasta podrían acusarte de impiedad o libertinaje. Si estás satisfecho con lo que sabes, deja dormir este manuscrito en la tinaja y olvídalo. Pero, si te lo llevas, has de tomar ciertas cautelas: No dejes este rollo al alcance de los niños, ni de las castas doncellas. No lo prestes a los indiscretos, pues podrían meterte en algún lío. Debes leerlo en el retiro de tu cuarto. Si fueras a prestarlo, que sea solo a los amigos de toda confianza cuando tengan mucho interés por los asuntos amorosos.
EL AUTOR SE DISCULPAQuien esto escribe estuvo poco tiempo en clase con el gramático y la musa de la poesía iba muy deprisa cuando pasó por delante de su casa. Tuvo que salir muy joven a la mar para ejercitarse con los remos y las cuerdas. Estuvo viajando muchos años en trato frecuente con los extranjeros y los griegos de otras tierras. Por este trato continuo, su lengua se fue contaminando con los dialectos jónico, corintio y siracusano. Pero no presume de sus errores, ni de las palabras extranjeras adheridas a su lengua. Aunque algunas sean de la Tracia, otras de Siria, de Egipto, o de Roma. De modo que si encuentras alguna palabra extraña, o mal escrita, te ruego, amable lector, que perdones a este marinero; pues pasó errante muchos años por los mares del mundo y estuvo poco tiempo en la casa del gramático. EL MARINERO ERRANTE |
<<PRÓLOGO>>En este segundo año de la Olimpiada octogésimo séptima, siendo Pericles demagogo de Atenas, me puse a escribir el primer papiro en un día delicioso y soleado de primavera. Me siento cansando de andar de un lado para otro por los mares y puertos de este mundo. Así que vendí algunos barcos y me compré una casa pequeña en la isla de Lesbos con buenas vistas a la preciosa bahía Mitilene. Está situada la casita sobre un acantilado a unos veinte estadios del puerto de Pirra. Pensé que era preferible esto a instalarme en Atenas, esa ciudad ciudad poderosa, porque soplan allí malos vientos que me huelen a guerra. Y aunque soy ateniense de nacimiento, he vivido demasiado tiempo en los mares y tierras de este mundo. Esto hace que me sienta más allegado a los seres humanos de este mundo que a los atenienses. Olfateo en el aire los malos presagios. Los espíritus de la muerte y la destrucción acechan a Atenas. Es ahora, por fin, libre de las ataduras y preocupaciones que me daban los negocios, que me pongo a escribir sobre los asuntos del amor. De ese modo, la gente joven y estudiosa que lea este tratado podrá aprovechar mejor las oportunidades que le vengan a la mano y evitará caer en los errores propios de la ignorancia. Esta nos viene con la juventud. Edad bien querida a mi memoria, edad a la que deseo volver a pesar de los trabajos que dio. Y aunque se la tache con frecuencia de inexperta, envidio su bravura y su fe inquebrantable en el futuro; también admiro la dureza inagotable y la sensibilidad acusada de ese apéndice afortunado sin el cual no conoceríamos los placeres más intensos de esta vida. Y que diré de las muchachas, sino interminables halagos. Su tierno y dulce cuerpo se presta fácilmente para las dulces tareas sin sentirlas jamás como una pesada carga. Y aunque uno esté algo gordo y oprima su pecho con su excesivo peso, siempre tienen una sonrisa en los labios y el cuerpo dispuesto para toda clase de juegos. ¡Que dulces son los recuerdos de la juventud! Este libro vio las primeras luces en la isla de Lesbos, famosa por sus mujeres liberales y poetisas. Desde aquí agradezco a todas esas bellas mujeres, la belleza de sus cuerpos, así como la amistad y la música con la que siempre me obsequiaron. En esta hoja, donde escribo, pongo un beso para ellas por medio de estas humildes letras. AUTOR: LEOPOLDO PERDOMO |